
Es el texto de José Manuel Esteve, un profundo ejercicio de reflexión sobre la labor del docente. Para los que ya tenemos algunos años en éste trabajo, es una invitación a recordar y reconsiderar nuestra práctica, desde nuestros objetivos y perspectivas, y ahora para mí, desde Unamuno y su interpretación de lo que es un maestro "no escribía lo pensado sino que pensaba escribiendo... pensaba viviendo, era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir", así con la congruencia que nos dan la satisfacción y la convicción en lo que hacemos.
Recordar que la tarea del profesor no es dar solución a las preguntas de los jóvenes, sino darles las herramientas y motivarlos a que busquen respuestas y generen sus propias preguntas, debe servirnos de guía para orientar nuestro trabajo diario y buscar las alternativas que nos impidan caer en una práctica burocrática y mecanicista. Finalmente nuestra labor es fomentar su creatividad, su curiosidad, sus ganas de conocer, para que sean capaces de crear y transformar el conocimiento.
Me parece que no sólo debemos recordar cómo y por qué nos iniciamos en la labor docente, sino preguntarnos cómo y por qué seguimos en ésto, qué es lo que nos motiva a seguir enfrentando uno o varios grupos de jóvenes inquietos todos los días.
¿Qué si ya no temo pararme frente a 50 jóvenes para impartir una clase?, por supuesto que sí, a pesar de los años de servicio, todavía me da miedo, pero ahora es un temor diferente, es el miedo a seguir repitiendo las mismas notas de hace 20 años, miedo de no haber aprendido de los errores, miedo de frustrar las aspiraciones de alguien con mi soberbia o mi ineficiencia, miedo de dejar abandonado a otro en el camino porque resulta más fácil que sostenerlo hasta el final, miedo a creer que ya soy maestra y no tengo más que aprender, es el miedo que de alguna forma sirve de motor para mejorar la práctica de cada día.
Aunque mi decisión de dedicarme a la docencia fue casual, en ésta labor descubrí mi vocación, la manera de comunicarme no sólo con los jóvenes sino conmigo misma y con el mundo, una forma de realización personal, de servicio y compromiso desde donde entiendo la tarea de ser docente.
Hasta otro día...
G. Tejeda-
Recordar que la tarea del profesor no es dar solución a las preguntas de los jóvenes, sino darles las herramientas y motivarlos a que busquen respuestas y generen sus propias preguntas, debe servirnos de guía para orientar nuestro trabajo diario y buscar las alternativas que nos impidan caer en una práctica burocrática y mecanicista. Finalmente nuestra labor es fomentar su creatividad, su curiosidad, sus ganas de conocer, para que sean capaces de crear y transformar el conocimiento.
Me parece que no sólo debemos recordar cómo y por qué nos iniciamos en la labor docente, sino preguntarnos cómo y por qué seguimos en ésto, qué es lo que nos motiva a seguir enfrentando uno o varios grupos de jóvenes inquietos todos los días.
¿Qué si ya no temo pararme frente a 50 jóvenes para impartir una clase?, por supuesto que sí, a pesar de los años de servicio, todavía me da miedo, pero ahora es un temor diferente, es el miedo a seguir repitiendo las mismas notas de hace 20 años, miedo de no haber aprendido de los errores, miedo de frustrar las aspiraciones de alguien con mi soberbia o mi ineficiencia, miedo de dejar abandonado a otro en el camino porque resulta más fácil que sostenerlo hasta el final, miedo a creer que ya soy maestra y no tengo más que aprender, es el miedo que de alguna forma sirve de motor para mejorar la práctica de cada día.
Aunque mi decisión de dedicarme a la docencia fue casual, en ésta labor descubrí mi vocación, la manera de comunicarme no sólo con los jóvenes sino conmigo misma y con el mundo, una forma de realización personal, de servicio y compromiso desde donde entiendo la tarea de ser docente.
Hasta otro día...
G. Tejeda-

